Publicado: 24 días atrás

5-2. El 'arsenal' colchonero masacra a un Tottenham que es una desgracia andante

Aquellos que no crean en la mala suerte, en las maldiciones, en el mal fario, en la mala pata, en el fatum, la desdicha, la fatalidad, la mufa, el mal agüero, la mala pata, el sino… deberían echarle un vistazo a lo que se vio en el Metropolitano, en el partido ante el Atlético de Madrid y el Tottenham, en la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones.

Lo del primer cuarto de hora del encuentro fue una sucesión de catastróficas desdichas, que diría el clásico, para un equipo inglés al que, con verle en el césped del Metropolitano, era suficiente para entender por qué, con el plantillón que tiene, está a un punto del descenso. Es imposible encadenar más situaciones de mala fortuna, en tan poco espacio de tiempo. Tremendo.

Si el equipo de Igor Tudor, que veremos si aún se sienta en el banquillo de los londinenses en la vuelta, no acabó completamente eliminado en el Metropolitano; fue por que el Atlético pagó su relajación y exceso de confianza en dos momentos puntuales, que deja un hilo de vida para el Tottenham. Un paciente terminal, pendiente de un milagro.

Del partido, qué decir. Es complicado desligar los tremendos errores que pusieron al Atlético 4-0 en los primeros 20 minutos. Un festival de desatinos que tuvo delante un equipo rojiblanco que, cual perro de presa, había olido el miedo y el desconcierto de los ingleses, para hacer sangre. Seguramente la suficiente para sacar adelante la eliminatoria. Si la fortuna te sonríe, tienes que estar listo para aceptar sus favores, 

Intentaba salir desde atrás el Tottenham, al que no le sale nada, pero un jugador se resbalaba Kinsky al golpearla, el balón le caía a Lookman, éste veía a Julián, que se la ponía rasa a un Llorente que ponía el interior del pie para colocar el balón al lado del palo, en la red.

Tudor, dentro de ese carrusel de decisiones sorprendentes, que vienen socavando a los ‘Spurs’ en una temporada para el olvido, apostó por el meta checo, que apenas llevaba dos partidos en la Copa, para un partido tan comprometido.

El equipo inglés tardaba unos minutos en quitarse de encima el estupor del primer bofetón y parecía querer asomarse a la portería de Oblak. Primero Kolo Muani, luego Richarlison, el primero a las manos del esloveno. El segundo, fuera a la media vuelta.

Parecía que el partido se reequilibraba pero no. Habrá que ver quién maldijo al equipo inglés, porque desde luego hizo un partido impecable.

Al cuarto de hora, cuando asomaban la cabeza los ingleses, Van de Ven se volvía a resbalar y dejaba a Griezmann, mano a mano con Kinsky, para poner el segundo gol. Increíble. Pero no del todo. Acto seguido, en la siguiente jugada, el meta checo de 22 años, se volvía a resbalar, como lo oyen, al intentar golpear el balón. Le llegaba a los pies de Julián Álvarez, que solamente tenía que empujar el balón.

Surrealismo puro y duro, cuyo guión tenía una vuelta más, con el cambio que hacía Igor Tudor, acto seguido. Retiraba al joven arquero, que se marchaba entre los aplausos sinceros del Metropolitano, no por los errores sino por la empatía de ver lo hundido que estaba por lo que había sucedido, para meter a un Vicario que, cuatro minutos después, no podía evitar tampoco encajar un tanto más.

Saque de falta que Le Normand peinaba, Vicario sacaba con un paradón, pero en el rechace, el internacional español se adelantaba de nuevo a todos y la mandaba a la red. En 20 minutos iban cuatro goles ya. Simeone, que olía la sangre, pedía a los suyos que no se desconectasen porque sabía lo que podía pasar, que de hecho sucedía, acto seguido. Ataque del cuadro londinense que terminaba con un balón cruzado de Pedro Porro, que anotaba el 4-1 y encendía al Cholo.

El Tottenham no se daba por muerto en una primera mitad de locos, que era precisamente lo que Simeone se temía tras concederle esa botella de oxígeno del tanto del internacional español. Rozaban los ‘Spurs’ el segundo, en un saque de esquina que Romero cabeceaba a poste.

Con todo, el Atlético seguía percutiendo y acumulando ocasiones. Lookman, a bocajarro ante Vicario. Llorente, incomprensiblemente, en el punto de penalti, que se le iba fuera.

EXCESO DE CONFIANZA

Arrancaba la segunda mitad con la incursión, por parte del Tottenham, de Conor Gallagher. La idea era reducir la diferencia, pero la diferencia la marcaba Oblak, con un paradón a un cabezazo de Richarlison, que provocaba una contra en la que Griezmann habilitaba de espuela a un Julián Álvarez que corría medio campo, con el balón controlado, hasta el área, ante la impotencia de un Pedro Porro que era incapaz de cazar al argentino en un ‘sprint’ que genera dudas respecto a la ‘Finalísima’ entre España y Argentina.

Pero ya decimos que, el Atlético pagaba su exceso de confianza. Una mala salida de Oblak, un error impropio de la experiencia del arquero, permitía a Porro, habilitar a un Solanke que colocaba el desfibrilador a los suyos, para dejar un tenue latido de cara a la vuelta.

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