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1-1. Atlético y Arsenal se citan en Londres para decidir el finalista 

Viniendo como se venía, de una primera semifinal entre el PSG y el Bayern de Múnich, con un fútbol vertiginoso y nueve goles; algunos estaban esperaban agazapados para minusvalorar el mérito del Atlético y el Arsenal, especialmente de los primeros.

Pero vaya si la tienen. Sólo hace falta echar un vistazo a datos como que los de Simeone se plantaron en esta eliminatoria siendo el tercer equipo más goleador del torneo; o que hay una diferencia de 300 millones en presupuesto entre el Atlético y el siguiente con menos, entre los semifinalistas. Hagan cuentas.

Algunos habrían querido estar en estas semis, pero la realidad es que no estuvieron ni un solo minuto clasificados en su partido ante el Atlético. Y otros, lo mismo, pero no fueron capaces ni de empatar uno solo de sus dos partidos ante el Bayern. Quizás de ahí vengan muchas de las suspicacias y las críticas. 

Más allá del asunto del mérito; lo que se vio en la segunda de las semifinales abre el debate sobre el estilo y el fútbol. Porque, ¿qué es jugar bien al fútbol? Jugar al fútbol es marcar goles, de acuerdo. Pero también lo es defender, sacar partido de jugadas de estrategia, saber leer los momentos en los que ir a por el partido, en los que aguantar. Todo eso también es jugar bien al fútbol. Porque no creo que haya muchos entrenadores de elite que estén contentos cuando sus equipos han encajado cuatro o cinco goles en un partido.

Por eso, para los estetas del fútbol, quizás la segunda semifinal no fuese una delicatessen, pero qué quieren que les diga. El que firma esta crónica se queda con la agresividad y la pasión que le puso el Atlético. O con el saber hacer del Arsenal. Una semifinal que no desmereció esta altura de la competición. Le pese a quien le pese. Lo que se esperaba, un duelo igualado, con argumentos para los dos, con ocasiones pero con pocos goles. Un partido con momentos para los dos equipos, en una eliminatoria que se decidirá en Londres

Salió el Atlético de Madrid queriendo meterle intensidad al partido, con Giuliano afilado por su banda, Griezmann clarividente con sus pases y Julián, hambriento por generar ocasiones. El Arsenal apostaba por lo que suele, buen repliegue, que para algo es el equipo de la Champions que menos goles ha sufrido en la temporada, en contras, pero también en jugadas de transición. El cuadro inglés es una máquina bien engrasada que quizás no comparte la espectacularidad ofensiva de PSG o Bayern, ni tampoco el vértigo pasional del Atlético, pero sí que maneja los hilos argumentales de los partidos. Solidez defensiva, bandas

Madueke centraba al palo más alejado, en una acción en la que Martinelli e Hincapié se estorbaban para alivio rojiblanco. Un recuerdo de que el equipo inglés se desplegaba con la rapidez de un ‘Harrier’ y que podía hacer daño en cualquier despiste.

Julián se revolvía en el balcón del área, pisaba el balón una vez, dos, hasta que se hacía un mínimo hueco para disparar a portería donde Raya tenía que volar para evitar el primero de la noche.

El Atlético quería llevar el peso del partido, pero delante tenía al actual líder de la Premier League y el equipo que mejores números tuvo en la fase de liga de la Champions, sin derrotas hasta este momento, con diez triunfos, dos empates y apenas cinco goles encajados.

Estaba claro que no iba a ser sencillo para los de Simeone, como se demostraba en cada acercamiento inglés. Gyokeres hacía buena su envergadura para ganarle un duelo a Llorente, plantarse en el área y dejar solo a un Odegaard que llegaba libre. El noruego tenía tiempo de levantar la cabeza y pensar dónde la iba a poner. De no haber sido por Hancko y Pubill, que se lanzaban a la vez para interponerse, los londinenses habrían golpeado primero.

Era el prolegómeno de lo que sería la tendencia hasta el final de la primera parte. Poco a poco, el Arsenal se hacía con el control, mientras que al Atlético le faltaba tranquilidad y acierto, para trenzar las salidas que tenía. La colocación de los de Arteta obligaba a hacerlo todo muy rápido, sin errores. Y los había. Madueke ya había disparando en el 29’ anticipando que era el momento de los visitantes. Carrera hacia el interior, disparo con rosca, pegado al palo más alejado.

Se veía que cada error se podía pagar, como sucedía poco antes del descanso. Sacaba mal la pelota el Atlético, un cabezazo hacia atrás de Julián Álvarez, desde el centro del campo; recuperaban los ‘Gunners’, triangulaban para dejar a Gyokeres de cara a Oblak. Caía el sueco en el área por un ligero empujón de Hancko, uno de esos que están en un espectro tan gris que todos tienen motivos para quejarse o defenderlo. Si nos preguntan, poca cosa para tirar a una torre como la escandinava, que celebra como uno de los archienemigos de Batman. Ni Batman, ni ‘Superjan’, evitaban que el penalti entrase. Al vestuario.

EL ATLÉTICO, AL ATAQUE

Arrancaba la segunda mitad, con un Atlético con cambios. Dentro Le Normand, Pubill al lateral, y Llorente al interior diestro. Fuera, Giuliano. El Atlético se sabía ante una oportunidad histórica. En la reanudación salía con todo. Primero, con una falta directa lanzada por Julián, que se marchaba por centímetros, fuera.

Luego, con una contra en la que Lookman fusilaba a Raya, en una acción en la que Griezmann recogía el rechazo, y disparaba a colocar. Si no es por Gabriel, que se interponía, hubiésemos hablado del empate. Se lamentaba el francés, pero, en el saque de esquina, disparo desde la frontal de Llorente, mano de White, penalti revisado por el VAR, y empate de Julián.

El Atlético tenía a su rival sometido. Griezmann enviaba el balón al larguero, en el 63’; Julián rozaba el gol olímpico en un saque de esquina; Lookman enviaba a las nubes una volea en una posición muy franca; el propio nigeriano tenía un disparo desde el punto de penalti que … eran los mejores minutos locales.

Arteta movía el árbol, con cambios desde el banquillo, Saka, Gabriel Jesús, Eze y Trossard. Casi nada. Tremendo plantillón el que tiene el entrenador español. El partido se metía en unos instantes delicados. Primero, la peor de las noticias, lesión de Julián después de que Eze le cayese en el tobillo. Ahí sí que puede preocuparse el Atlético, sobre todo de cara a la vuelta en Londres, en seis días. Luego, con un penalti que Makkelie, terrible el neerlandés, se inventaba en contra de los rojiblancos. La revisión dejaba claro que Hancko apenas tocaba a un Eze como loco por caerse. Dos circunstancias que sacaban al Atlético de ese ritmo intenso que le había hecho poner contra las cuerdas a los ingleses. 

Hasta el final, el Atlético tiraba de ejercicio de resistencia para aguantar un 1-1 que no es tan mal resultado, de cara a la vuelta en Londres. Pudo ser mejor, pudo ser peor. Se decidirá en Inglaterra

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