Fue batido por Oyarzabal cuando no valía y también cuando valía. A la segunda quizás pudo hacer algo más. Guedes le confirmó que no iba a ser su noche, en un duelo en el que Remiro fue el MVP. El 1 del Barça venía de muchos, muchos milagros.
Tanto arriba como abajo, fue uno de los jugadores que más 'cámara' tuvieron. Justo después de cabecear al larguero le cambió Flick. Quizás era un buen recurso para el final por su juego aéreo.
Cuando la Real se llevó la victoria con llegadas contadas la defensa no puede salir bien parada. Eso sí, su mejor acción fue sacar un balón bajo los palos.
Empezó bien, pero al final tuvo un parecido juicio al de Cubarsí, en un partido que acabó desquiciando a los culés al ver que su juego no obtenía recompensa.
Intentó darle profundidad al carril izquierdo y lo logró en el origen pero nunca en el epílogo. No terminó el partido en busca de otras soluciones por parte de Flick.
Se le fue una inmejorable oportunidad para el 0-1 recién iniciado el partido, lo que le dio mala vibración de lo que vendría después. Fue objeto de repetidas faltas, una de ellas merecedora de una evidente roja que necesitó que el VAR sacara a Gil Manzano de su habitual torpeza a la hora de arbitrar.
Estuvo en el origen de las acciones con balón y cuando irrumpió en el área de enfrente marcó pero arrancando en posición ilegal. Lo más noticioso fue no reprimir su incomprensión con el árbitro.
Fue, de largo, el futbolista que más acciones clarísimas de gol inventó, aunque sólo acabara una de ellas subiendo al marcador. Son, al menos, cuatro asistencias que las injustas estadísticas oficiales no computarán. Encima, se le anuló un gol dándole al 'rewind' y también un penalti invalidado por un fuera de juego previo milimétrico.
Todo le fue al revés, salvo su interés. Dispuso de mucha presencia en jugadas importantes, desde su 'faltita' en el gol anulado a Fermín a la que sufrió sin penalización antes del 1-0 de Oyarzabal. Se le fueron remates aparentemente sencillos, inclusive un par que formaron parte del inventario de los cinco postes.
Apareció por dentro enganchando un certero disparo desde la frontal del área que acabó en uno de los goles anulados por una falta previa. Cayó la mayoría de ocasiones por la banda con su conocida energía, poniendo algún balón de gol aunque no lo acabara siendo. Pudo ser objeto de un penalti que se fue al limbo incluso para la repetición televisiva.
Su actividad sin balón fue constante, su contacto con la pelota tardó más tiempo. Como el resto de sus compañeros se topó con un Remiro inconmensurable.
Entró con esa misión, por su histórica pericia en el remate en un partido en el que el balón se negaba a entrar. Sin embargo, también él se estrelló ante Remiro y la madera.
Lo fue al ser el solitario culé capaz de introducir la pelota en el marco de enfrente y que valiera. En cambio, se sumó a sus compañeros en la estadística de chocar con la madera, en su caso tras un lanzamiento directo de córner.
Inició con un marcador amargo su segunda etapa en el Barça. Ingresó para aportar algo más en ataque y puso la pelota que Koundé envió al travesaño.
Fue prácticamente el último en intentarlo con un disparo lejano que ante este Remiro no podía ser gol de ninguna de las maneras.
Su entrada se explicó en la necesidad de cerrar con menos gente atrás tras muchos relevos siempre pensando en el área de delante.