La Real, insulsa, no estuvo a la altura en el Sánchez Pizjuán, perdió con merecimiento y sigue de capa caída tras el exitazo copero. El regreso a Sevilla no fue dulce, desde luego. Pesaron más, bastante más, las ganas, corazón y urgencias de los hispalenses, con un estadio entregado, que la falsa motivación realista por “mejorar y acabar lo más arriba posible”, una vez que el Betis había hecho imposible que acabaran quintos. Partido pésimo de la Real con la dichosa equipación gris, que mejor esconderla. Ningún tiro a puerta. Increíble. Y otro error para encajar y perder. Más cerca el descenso (a 7), que ahora marca el Alavés, que la quinta plaza (a 10). Novenos. Cuatro partidos más para oficialmente estar de vacaciones. Se va a hacer largo el final de una temporada liguera muy pobre, exceptuando el subidón del inicio de 2026 con el cambio de entrenador.
Matiz en el ‘once’
Matarazzo siguió probando y matizando para “ver cosas”, probar cosas. Y para recuperar el rendimiento óptimo de antes de la final copera. Hizo dos cambios notables en la alineación respecto al empate en Vallecas. El estadounidense ‘castigó’ el mal encuentro de Kubo ante el Rayo relegándolo al banquillo para que entrase al equipo titular el héroe de la final de Copa del Rey Mapfre, Marín, que volvía como principal a la ciudad donde se hizo eterno marcando el gol definitivo en la tanda de penaltis en La Cartuja. Jugó en la izquierda. La otra novedad fue ‘defensiva’ a priori, buscando orden, puesto que entró un pivote y salió un delantero. Gorrotxategi sustituyó a Óskarsson, que marcó gol en Vallecas y llevaba dos titularidades seguidas. Oyarzabal hizo de punta y Soler volvió, varias semanas después, a su lugar en la mediapunta. Mantuvo la apuesta por Barrenetxea, Turrientes y su defensa de confianza, y siguió Remiro en la portería.

Aguantar el chaparrón
El ambientazo era impresionante, de los que imponen y amedrentan al visitante e impulsan al local. Esto segundo sí sucedió al menos. El Sevilla se lanzó con todo, con mucha más energía y corazón que cabeza y fútbol, a por el área de Remiro. Quisieron generar cosas, aunque fueran varios ‘uy’ en la grada. Oyarzabal dio una charla motivadora justo antes del arranque, como pilar y emblema que es, y la Real salió mejor al partido de lo que acabó el primer tiempo. Empezó ordenada e intensa, segura, aunque con poca brillantez. Le tocó apretar los dientes atrás después, aguantando el chaparrón y sin capacidad para generar nada.
Le costó al Sevilla disparar más de lo previsto. Llegó en el 13’ el primer remate, desviado de Suazo en una jugada ensayada de córner con balón a la frontal, desprotegida. Pero se iba a ir activando sobre todo un Ejuke que parecía más bien Neymar o Vinicius y no el extremo que lleva una temporada tan floja. Le hizo todas a Aramburu. En el 16’ le pilló la espalda, corrió hacia dentro y disparó obligando a Remiro a una buena parada. En el 43’, la más clara, se marchó en el área, entre los dos con mucha maestría, de Oyarzabal y Aramburu y disparó alto. Antes habían probado fortuna desde lejos Maupay, Romero, Gudelj o Vargas. Pero Remiro, también los centrales, estuvo atento y seguro en esos disparos y en los pocos balones a los que tuvo que salir.

El único peligro era Ejuke. Sorprendió quizá también a Matarazzo porque el estadounidense ubicó a Marín en la izquierda y a Barrene en la derecha, pero no fue Sergio el que necesitó ayuda con Vargas, sino Aramburu con el nigeriano. Tampoco estuvo bien la medular realista. Varias pérdidas y errores de Turrientes y Gorrotxategi pudieron acabar mal. Y no pudieron mandar ni generar. Arriba, Barrene estuvo activo cuando pudo, sin demasiado éxito. Quiso hacer largo el partido la Real, que no estaba tan necesitada como un Luis García Plaza que se subía por las paredes desde demasiado pronto y fue amonestado en la misma acción que Aramburu. Descanso sin goles, la Real ganó tiempo pero debía crecer y mejorar para sumar. Y no lo hizo.
Gol nada más reanudar
Matarazzo introdujo tras el descanso a Óskarsson retirando a un flojo Gorrotxategi para retrasar a Soler y dejar libertad a Oyarzabal. Y en la primera jugada llegó la primera y casi única, doble, ocasión realista. Soler encontró a la carrera a Óskarsson, que le puso balón de gol con la zurda a un Oyarzabal con poca fe esta vez, que no llegó. Barrene recogió el balón, recortó y chutó cruzado fuera, cerca del palo. Perdonó la Real y en la primera del Sevilla, también del recién entrado Alexis, en el 50’, gol. Maupay giró en el área ante Caleta-Car (que se equivoca cambiando de marca yendo a por la de Jon Martín y liberando la suya), cedió para Alexis y el chileno fusiló a Remiro con un tiro muy centrado y fuerte. Estalló Nervión. La Real fue incapaz de reaccionar. Entró Kubo para tratar de remediarlo, pasó a la izquierda Barrene. Con el 1-0 comenzó el show lógico y propio de la necesidad de ganar del Sevilla, perdiendo tiempo desde el 60’. Entró Yangel por un desacertado Turrientes, que perdió un balón peligroso justo antes del cambio que acabó en tiro alto de Vargas. La Real no carburaba e incluso encajó el 2-0 en una acción mal defendida que por suerte fue anulada por fuera de juego que al menos en la tele no se vio. Entraron Sucic y Wesley al final buscando a la desesperada el empate pasando a jugar con tres atrás. Pero nada de nada hasta el final. El Sevilla sufrió más por costumbre que con razones.