La Real Sociedad cayó por la mínima ante el Getafe en Anoeta en el encuentro posterior a la gran final copera ganada en Sevilla. Un gol en propia puerta de Gorrotxategi en un mal despeje tras un penalti fallado de Brais decantó el encuentro demasiado pronto generando el guion ideal para el adversario. Era esperable por la situación realista de poco descanso y fiesta, pero no por ello menos doloroso teniendo en cuenta sobre todo la actuación desesperante y de mínimos del rival azulón, que no tiró a puerta, y al que el árbitro Mateo Busquets permitió todo, generando una nueva derrota realista con él de colegiado para un clarísimo balance de una victoria, dos empates y cinco derrotas. La quinta plaza queda a siete puntos ahora y el Getafe adelanta a la Real. Pero la Real sigue siendo campeona y así lo celebró antes y después del encuentro.
Equipo bastante reconocible pese a la rotación
Había expectativa por ver quién estaba para jugar tras varios días de celebraciones poco recomendables para el descanso. Matarazzo rotó, en algunos casos de manera obligada, pero su 'once' fue bastante reconocible. Sin Guedes ni Sergio Gómez en la lista, descansaron de inicio Oyarzabal, Barrenetxea, Turrientes, Sucic o Aramburu, pero repitieron tres hombres del equipo de la final como Jon Martín, Caleta-Car y Soler (los tres jugaron 120 minutos), y entraron jugadores de jerarquía como Brais, Remiro, Gorrotxategi, además de alternativos como el héroe Marín, Aihen, Aritz u Óskarsson. No hubo oportunidad para los Zakharyan, Karrikaburu, Aguirre, Beitia o Wesley.
Oportunidad desaprovechada y a remolque
El partido pintaba complicado por todo lo ya sabido tras la final de la Copa del Rey Mapfre pero la realidad es que, más allá de un ritmo bajo para lo que es esta Real, no empezó mal el encuentro el equipo de Matarazzo. Dominó y propuso más, y se acercó con más peligro a las inmediaciones de la portería de Soria. Es más, tuvo la gran oportunidad casi llovida del cielo de adelantarse en un partido complejo, lo que le iba a dar mucho de cara a obtener tres puntos valiosos. En el minuto 11, Aihen centró un buen balón tras un regate a su manera, y Brais cabeceó fuera en el área. Pocos se percataron de lo que había pasado, pero los jugadores realistas sí, que fueron a protestar a Mateo Busquets. El árbitro fue llamado al VAR para revisar una mano clamorosa de Abqar, que abrió los brazos desviando el remate del gallego. Penalti. Sin Oyarzabal, el '23' volvió a asumir la responsabilidad como uno de los lanzadores principales que es. Pero, como sucedió en otras tres ocasiones ante Mallorca, Osasuna y Benfica, no estuvo a la altura. Necesitaba un punch el de Mos, que venía de no jugar nada en la final, pero disparó mal al palo y desperdició una oportunidad de oro. Soria le había adivinado el lado. Óskarsson pidió penalti de Boselli en el rechace, pero no hubo nada.

Y cuando perdonas estos regalos, lo pagas, más aún ante equipos de Bordalás. La Real pudo adelantarse en más acciones, pero no tuvo el día Óskarsson, algo lento de movimientos y poco fino. En una contra de Marín, que le puso un gran envío, el islandés falló al impactar de primeras el balón. Reaccionó rápido para disparar en segunda instancia, pero Soria desvió el esférico. Ocasión clara. Otro que necesitaba un impulso tras su actuación en la final. El Getafe se fue viniendo arriba y la Real perdió aún más chispa y finura. Avisó con un disparo raso fuera de Femenía desde la frontal. Y en el 29', la Real le ofreció en bandeja el 0-1. Un inocente centro de Iglesias desde la izquierda lo peinó hacia arriba y atrás Gorrotxategi, superando la posición de Remiro, que no llegó a evitar el gol en propia. A remolque ante el peor adversario para ello. Con el 0-1, el equipo de Bordalás empezó su juego brusco y 'zorro' habitual para amarrar los puntos. Se complicaba la tarea.

Intento fallido
Matarazzo dio entrada a Aramburu por Aritz, que había sufrido una mala caída, al descanso, y que por golpe en la cabeza permitió hacer seis sustituciones. Pero no tardó mucho en hacer dos más. Retiró a Brais (con cara de pocos amigos) y Marín por Barrenetxea y Oyarzabal, para hacer de '10', ambos ovacionados. Antes había estrellado Aramburu un misil en el palo en una acción invalidada por fuera de juego de Óskarsson. El '7', como en la final, tuvo un impacto inmediato agitando el partido y volcándolo hacia el área del Getafe. Le dio otro ritmo. Disparó fuera en un córner sacado rápido y provocado por un robo suyo, bajó un balón del cielo perfecto y encendió Anoeta. Aramburu cabeceó fuera un córner botado por Soler también. Se encargó a las mil maravillas, con la ayuda arbitral, el Getafe de frenar ese arreón a su manera más clásica, interrumpiendo el juego.
Intentó aislarse de eso la Real. Soler mandó un balón largo medido a Barrenetxea, que lo bajó como si no costase en el área, quebró a su par y lanzó un tímido pase-chut de gol que salvó Iglesias bajo palos in extremis. Tuvo dos claras más de empujar que no eran sencillas del todo. En la primera, tras una buena jugada y centro de Barrenetxea, Caleta-Car levantó el pie y no la cabeza, y no llegó a empujar en boca de gol. En la segunda, Aramburu se coló en el área y puso un balón aéreo a un Óskarsson que se lanzó al vuelo, cabeceó pero no direccionó a portería. 'Rino' buscó el empate con un cambio novedoso. Entró Wesley, quitó a Aihen y pasó al lateral izquierdo a Barrene, que estaba siendo el mejor. Entraron Rico y Nyom en el Getafe para fortalecer la zaga. Se acababa el tiempo y Matarazzo hizo 'debutar' con él a Karrikaburu y dio entrada a Turrientes como cambios finales. Aramburu se precipitó en un disparo en el área y tiró muy alto. No pasó prácticamente nada más por falta de acierto realista, por defensa férrea visitante y porque el árbitro, de manera casi cómica, descontó únicamente cinco minutos, de los que apenas se jugaron dos como mucho, claro. El Getafe de siempre se salió con la suya con la inestimable ayuda arbitral y se lanza a por Europa.