El Barça se quedó a un gol de la proeza. El 3-0 ante el Atlético en el Spotify Camp Nou fue una oda al orgullo, al vértigo y a la fe, pero insuficiente para neutralizar el 4-0 encajado en la ida. Los de Hansi Flick rozaron la gesta y murieron de pie; los de Simeone resistieron para regresar a una final copera trece años después.
El arranque fue un asedio. Presión alta, ritmo eléctrico y un estadio entregado desde el primer minuto. Fermín avisó pronto y Bernal abrió la lata en el 29’, empujando un regalo de Lamine Yamal tras una jugada marca de la casa. El Barça creía y el público también.
El Atlético apenas encontraba respiro, aunque Griezmann llegó a rozar el gol en dos acciones que el VAR habría invalidado. Cuando el empuje azulgrana empezaba a acusar el desgaste, apareció Pedri en el añadido para provocar un penalti que Raphinha transformó en el 2-0. El Camp Nou rugía.
Tras el descanso, el partido se abrió. Julián Álvarez exigió a Joan García y Lamine agitó el duelo por la derecha. Bernal firmó el 3-0 en el 72’, en una acción revisada por el VAR, y desató el último arreón. Quedaban veinte minutos para soñar.
Pero el cuarto no llegó. Ni los intentos de Lamine, ni la insistencia de Raphinha, ni el empuje final pudieron tumbar a un Atlético que supo sufrir, con Giménez multiplicándose en el área y Simeone desgañitándose desde la banda.
Al Barça le queda el consuelo de la imagen y la ovación final de los 45.399 espectadores que reconocieron el esfuerzo. Al Atlético, el billete a la final. Y al Camp Nou, una noche de piel de gallina que no tuvo premio.