El Girona afronta una de las salidas más exigentes del campeonato con la visita a El Sadar, un escenario que pondrá a prueba el gran momento del equipo de Míchel. Tras la contundente victoria frente al Athletic (3-0), el conjunto gerundense llega con la confianza reforzada y la oportunidad de dar un paso importante en la clasificación.
Los ‘blanc-i-vermells’ son undécimos con 34 puntos, los mismos que Osasuna. Un triunfo en Pamplona no solo permitiría superar a los navarros, sino que podría catapultar al equipo hasta la octava posición si acompañan otros resultados. Además, supondría abrir una brecha de hasta once puntos sobre el descenso y, al mismo tiempo, alimentar la posibilidad de mirar hacia cotas más ambiciosas.
El contexto invita al optimismo. El Girona viene mostrando una versión sólida, especialmente tras reencontrarse con la victoria en Montilivi. La mejora en ambas áreas fue evidente frente al Athletic y el equipo quiere dar continuidad a esa línea en un tramo de calendario que se presenta exigente.
Una de las grandes novedades será el regreso de Vitor Reis, que vuelve tras cumplir sanción y apunta a recuperar su lugar en el eje de la defensa. Su presencia refuerza una zaga que ha ganado consistencia en las últimas jornadas.
Sin embargo, el reto no será menor. Osasuna es uno de los equipos más fiables como local. De hecho, no pierde en El Sadar desde noviembre, lo que refleja la dificultad de sacar puntos en un estadio donde la intensidad y el empuje de la grada juegan un papel determinante. Los navarros, décimos también con 34 puntos, quieren reengancharse a la pelea europea tras una racha de tres partidos sin ganar, aunque llegan heridos tras caer ante la Real Sociedad (3-1).
El equipo rojillo mantiene su identidad: verticalidad, juego directo y una gran amenaza en el área, con Budimir como principal referencia ofensiva. Un perfil que exigirá máxima concentración a la defensa del Girona, especialmente en acciones laterales y segundas jugadas.

En la ida, el conjunto de Míchel logró imponerse por la mínima (1-0) en Montilivi, en un partido ya marcado por la igualdad y la exigencia física. El precedente reciente también favorece a los catalanes, que han ganado cuatro de los últimos cinco enfrentamientos ante Osasuna, aunque cada visita a El Sadar presenta un guión distinto.
El encuentro se plantea como una prueba de madurez. El Girona ha demostrado que puede competir ante cualquier rival, pero ahora necesita confirmar esa regularidad en escenarios de máxima exigencia. Con la permanencia cada vez más cerca y el horizonte europeo asomando, el equipo tiene ante sí una oportunidad de oro para seguir creciendo y consolidar su candidatura a algo más que la salvación.
En Pamplona, el desafío será doble: resistir el empuje local y mantener la personalidad mostrada en las últimas semanas. Porque el Girona ya no solo quiere sumar. También quiere creer.