Viktor Tsygankov es mucho más que un extremo para el Girona. Sus cifras ofensivas ya reflejan su importancia —seis goles y cuatro asistencias esta temporada, dos de ellas en el último encuentro—, pero es en el trabajo sin balón donde el ucraniano ha elevado su nivel hasta convertirse en una pieza imprescindible para Míchel.
Los últimos informes técnicos del club, que analizan el rendimiento entre las jornadas 16 y 28, sitúan al atacante como el futbolista con mayor capacidad de sacrificio físico de toda la plantilla. Un dato que rompe con los estándares habituales, ya que sus registros superan incluso a los de jugadores de perfil defensivo.
El ejemplo más significativo llegó frente al Barça. En ese encuentro, Tsygankov recorrió 12.493 metros, siendo el jugador que más distancia cubrió sobre el terreno de juego, por encima de laterales y centrales. Una cifra que evidencia su implicación constante en todas las fases del juego.
Pero no se trata solo de correr más, sino de cómo se corre. Ante el Celta, alcanzó casi 3.000 metros en acciones de alta exigencia física, un indicador que mide el esfuerzo real en aceleraciones, frenadas y movimientos explosivos. En ese apartado, el ucraniano se sitúa en la élite del equipo.
Su compromiso también se refleja en el trabajo defensivo. Tsygankov registra un alto número de acciones de frenado brusco por partido, fundamentales para cerrar líneas de pase, presionar tras pérdida y replegar con rapidez. En algunos encuentros ha llegado a cifras que evidencian un esfuerzo constante por sostener al equipo cuando pierde el balón.
Esa entrega tiene un impacto directo en el juego colectivo. En la banda derecha, su trabajo es clave para equilibrar al equipo y dar cobertura a Hugo Rincón, con quien forma una sociedad cada vez más sólida. El extremo no solo aporta en ataque, sino que actúa como el primer defensor en su sector.
A sus 28 años, Tsygankov ha encontrado un punto de madurez que combina talento y compromiso. Su rendimiento no siempre es el más vistoso, pero sí uno de los más determinantes. En un Girona que busca equilibrio para competir en cada partido, el ucraniano representa ese esfuerzo silencioso que muchas veces no se ve, pero que sostiene al equipo desde la base.