Publicado: 6 días atrás

1-0. Molina y Musso roban las escenas de un episodio de relleno

Muy bien tirada la campaña de publicidad del Atlético de Madrid y Netflix para identificar al club colchonero con los ‘Peaky Blinders’, con esa idea común de la familia –los Shelby y la ‘Tribu’-; el liderazgo fuerte de Simeone y Tommy; la pasión y la resiliencia de los irlandeses de Birmingham y los rojiblancos del Metropolitano.

El coliseo colchonero se había convertido en una suerte de plató de un episodio de la popular serie, antes de que el partido dejase un nuevo episodio de esos de mitad de temporada, de trámite entre los apasionantes arranques y los finales épicos. En el caso de los colchoneros, el culmen del curso es la final de la Copa y lo que pueda dar de sí, el arco argumental de una Champions League que es como meta asintótica recurrente del Atlético.

El Atlético cumplió en compromiso liguero, sin focos ni alfombra roja, a la espera de las batallas importantes y sí decisivas que se le vienen encima en las próximas semanas. 

Ya decimos, un episodio para esos actores que no tienen tantos minutos ni escenas, Simeone había revolucionado por completo el once; en el que dejaron buenas líneas, pero sin nada memorable. Desoyendo que, para los fans, quizás siempre hay un episodio que se quedará en la memoria, aunque no esté en la trama principal. 

Y si por algo se recordará este choque es por la escena picantona de Aqbar y Sorloth; pero también por la inesperada aparición de un 'outsider' y el de una estrella invitada final. El primero, Molina. El segundo, Musso. Con un elenco de estrellas como las que tiene el Atlético de Madrid, a uno le costaría esperar que un robaescenas de libro se colase en la victoria de los de Simeone, en la persona de Nahuel Molina. 

Había sido el propio argentino, el que había intentado disparar desde la frontal, para abrir las hostilidades. Y apenas cuatro minutos después, se sacaba un chut tan indescifrable como lo es el propio Molina. Un disparo con el exterior, que hacía el efecto hacia fuera, para colarse casi por la escuadra de un Soria que no se esperaba que el lateral, que estaba casi en el pico izquierdo del área, intentase chutar desde ahí. Ni el meta ni nadie, en realidad.

Llegaba el Getafe, al Metropolitano, muy reforzado, en su dibujo y en sus resultados. Apostó Bordalás por una defensa de cinco, que tuvo que modificar a los 20 minutos, porque ya se encontraba en inferioridad; además de que el Atlético se había vuelto a plantar ante Soria, con una ocasión en la que Almada, que tenía un disparo franco, había preferido intentar dejársela a Nico, malogrando la ocasión.

Molina seguía empeñado en convertirse en ese secundario de ‘Peaky Blinders’ que se come la escena. Se sacaba otro obús desde la frontal, al que Soria respondía con un paradón. Continuaba la jugada y Nico, algo torcido, disparaba para sacar el balón cerca de la escuadra.

El Atlético era netamente el que llevaba el peso del juego y las ocasiones en la primera mitad. A la media hora, centro de Nico, de nuevo, por la izquierda –muy interesante su labor como lateral izquierdo-, para colocarle un balón en la cabeza a un Sorloth que la enviaba al palo. En ese punto del partido, los rojiblancos llevaban media docena de remates sin que el Getafe hubiese logrado uno solo.

La primera mitad echaba el cierre con una última jugada de ataque del Atlético, llevada por un Baena que había intentado recoger el guante que le había lanzado Simeone, en la previa, pero al que un entradón de Duarte –que podría haberle costado la roja- le había sacado algo del choque. No esta acción, que llevó de la menor manera para dejarle medio gol a un Molina que sólo tenía que elegir lado a dónde tirar. Había hecho lo más difícil en el golazo que abría el marcador, y erró lo más sencillo. Simplemente, Molina.

NO ERA SEXO EN NUEVA YORK

La segunda temporada de la serie del derbi, arrancaba con un Getafe que se acercaba con peligro a la meta de Musso, a través de sendas ocasiones peligrosas de Vázquez y Satriano; pero cuyo guión daba un giro por completo, después de que Abqar se equivocase de plató. No era ‘Sexo en Nueva York’ ni ‘Californication’. El marroquí lanzaba un pellizco en la zona de la pelvis de un Sorloth que agarraba al central getafense del brazo para lanzarle al suelo. En la revisión del VAR, expulsión para el confuso zaguero, amarilla para el rojiblanco.

El Getafe se quedaba con un jugador menos casi media hora de juego. El Atlético no terminaba de cerrar el partido, a pesar de contar con uno menos, y el Cholo reaccionaba metiendo cambios. Dentro Lookman, Giuliano y Julián. Entre los sacrificados, un Almada que tenía mejor pinta cuando era libro, que ahora que le han adaptado a la pequeña pantalla; y fuera un Sorloth que se iba bastante contrariado.

El equipo de Bordalás no se rendía. Y Arambarri rozaba, a los 71 minutos, del empate. Un pase filtrado, que Molina no terminaba de despejar, dejaba al uruguayo solo ante Musso. La enviaba alta. El Atlético había dejado de tener el ritmo que precisaba, y el equipo visitante volvía a tener otra clarísima, un disparo a bocajarro de Luis Milla, que Musso sacaba con una gran parada. 

Justo de aque el Atlético lanzase una contra en la que nadie parecía querer rematar la trama, como si un mal guionista se empeñase en alargar el desenlace para desesperación de los fans. Ni Lookman, ni Julián, ni Griezmann, tres remates en la misma acción. Sin rédito. 

Con el Atlético sin rematar, el episodio debaja los típicos giros de tensión finales, habituales en el equipo colchonero. Especialmente con el paradón milagroso que se marcaba Musso en el 96', a un cabezazo tremendo de Liso. Vaya mano del argentino. Desde luego, si el Cholo no quería que el debate, tras la victoria, lo acaparase en esta ocasión, el meta, lo tendrá complicado porque fue clave para que los rojiblancos se quedasen los tres puntos. 

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