El Girona recibe al Athletic Club en Montilivi con una mezcla de necesidad y ambición. Decimoquinto con 31 puntos, el equipo de Míchel afronta un partido que puede marcar su posición en el tramo final de la temporada. Una victoria permitiría a los gerundenses situarse a solo un punto del conjunto bilbaíno, décimo con 35, ampliar hasta nueve puntos la distancia con el descenso y mantener viva la posibilidad de mirar hacia posiciones más altas de la clasificación.
El contexto obliga a los 'blanc-i-vermells' a reencontrarse con su mejor versión. El equipo solo ha ganado uno de sus últimos siete partidos —la prestigiosa victoria frente al Barça— y en ese periodo ha dejado escapar puntos importantes, muchos de ellos en encuentros donde ha dominado fases del juego sin lograr traducir ese control en goles. El empate ante el Levante en la última jornada volvió a evidenciar las dificultades en las áreas, uno de los aspectos que el cuerpo técnico considera prioritario mejorar en este tramo del campeonato.
Montilivi vuelve a presentarse como un escenario clave. El equipo quiere apoyarse en su afición para dar un paso hacia el objetivo de los 42 puntos que marcaría la permanencia virtual, pero también para recuperar confianza después de varias jornadas donde el rendimiento no se ha correspondido con las sensaciones del juego.

La gran novedad en los ‘gironins’ será el regreso de Àlex Moreno. El lateral izquierdo vuelve a la dinámica del equipo tras dos meses fuera por lesión y su presencia puede devolver equilibrio a una posición donde Míchel ha tenido que improvisar durante varias semanas. Su regreso permitirá reorganizar la defensa y recuperar una pieza importante en la salida de balón y en la profundidad por banda.
El rival no será sencillo. El Athletic llega al feudo visitante después de perder por la mínima ante el Barça, un resultado que puso fin a una racha de cinco partidos sin conocer la derrota. Aun así, el conjunto de Ernesto Valverde sigue situado en la décima posición y mantiene intactas sus aspiraciones de acercarse a los puestos europeos, de los que se encuentra a cinco puntos.
El equipo bilbaíno tendrá una ausencia destacada: Nico Williams continúa recuperándose de una pubalgia y no estará disponible. A pesar de ello, los leones mantienen su identidad competitiva, basada en una presión alta muy exigente y en un juego directo que obliga a los rivales a estar concentrados en cada transición.
El precedente de la primera vuelta refleja la igualdad entre ambos equipos. En San Mamés firmaron un empate (1-1) en un duelo muy competido, una tendencia que también se ha repetido en los últimos enfrentamientos. De los cinco compromisos más recientes entre ambos conjuntos, el Girona, pero, solo ha logrado una victoria.
El partido plantea un desafío táctico interesante. El cuadro vasco es uno de los equipos que más presiona en campo rival en toda la competición, una característica que exigirá a los gerundenses claridad en la salida de balón y capacidad para progresar con rapidez. Si el conjunto catalán logra superar esa primera presión, puede encontrar espacios que le permitan desplegar su juego ofensivo.
Más allá del rival, el objetivo de los de Míchel pasa por recuperar contundencia en los metros decisivos. El equipo genera situaciones, llega con frecuencia a zonas de peligro, pero necesita dar ese último paso para convertir su dominio en goles. Ante un rival directo de la zona media, Montilivi vuelve a ofrecer una oportunidad para demostrar que el equipo está preparado para algo más que resistir en la clasificación.